Esta expresión tan castiza bien podría aplicarse al actual y previsible panorama fiscal en Madrid en lo referente a impuestos relevantes como IRPF, I. Patrimonio e Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones.

Amén de la operación Chamartín, los madrileños nos íbamos de vacaciones con la vorágine de pactos de gobierno en Madrid y con estas reglas de juego en vigor:  

  • Tipos autonómicos de IRPF en Madrid entre 9% y 21%, que, sumado al tipo estatal, la escala va entre 18,5% – 43,5%.
  • 100% de bonificación en cuota del impuesto sobre el Patrimonio.
  • 99% de bonificación en cuota del Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones entre padres-hijos, nietos. Hasta del 100% con límite de 250.000€ para donaciones en metálico para adquisición de vivienda habitual o empresas.
  • 15%/10% bonificación del Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones entre parientes grupo III (tíos, sobrinos, hermanos…).
  • Tipo general 6% en TPO (adquisición de inmuebles), el más bajo de España junto con Navarra.

¿Qué nos encontramos a la vuelta? Un gobierno autonómico de coalición que promulga en Madrid una política fiscal de continuidad o incluso con el anuncio de posibles mejoras.

Nuestra primera reflexión es que probablemente en Madrid durante los próximos 4 años contaremos con un marco tributario neutral.

En otras palabras, para organizar los patrimonios de cada grupo familiar a medio y largo plazo, la fiscalidad no debería ser, en principio, un estímulo o un obstáculo.  Todo ello, mientras no haya reformas del sistema de financiación autonómica que cambiase la amplia capacidad normativa que tienen actualmente las CC. AA. sobre estos impuestos patrimoniales tan relevantes.

Lo que nos lleva a nuestra segunda reflexión: planificar no ocupa lugar”. De hecho, los periodos de reflexión son el inicio y la consecuencia de aportaciones sanas, positivas y rentables a medio plazo para los grupos familiares que lo saben aprovechar…sin prisa pero sin pausa.

Las posibilidades de planificación son tantas como la combinación de múltiples factores únicos y exclusivos de cada uno de los miembros de una familia:

  • Características de las personas que componen el grupo (por edades, por circunstancias personales, por caracteres de salud, de necesidades financieras, etc.)
  • La composición del patrimonio (inmuebles, financiero, negocios, etc.)
  • La composición de rentas presentas y futuras
  • Las posibles revalorizaciones presentes y futuras de los activos y pasivos del patrimonio
  • Los proyectos familiares: educación, preferencias de residencia habitual, oportunidades profesionales dentro y fuera de España, por cuenta ajena o propia, dependencia del sistema de pensiones y un largo etcétera.

Por tanto, planificar vía estudio de alternativas, cuantificar los impuestos de cada opción, diseño de las etapas, orden de ejecución, (sin que implique necesariamente actuar o ejecutar) sería una buena práctica y un trabajo rentable a largo plazo para:

1) Optimizar el ahorro del grupo familiar.

2) Mejor visibilidad sobre cómo se cumplen las voluntades de los propietarios, y a que costes y rentabilidad.

Por último, añadimos una tercera reflexión: no bajar la guardia”. Disfrutar y gestionar el patrimonio, procurando orden como si fueran a despertar en otra Comunidad Autónoma o fuera de España. Por ejemplo, si una parte relevante de su patrimonio está canalizado a través de sociedades, se debe seguir cumpliendo los requisitos de empresa familiar para su exención en Patrimonio porque será clave la reducción en Sucesiones y Donaciones. Habrá que aprovechar las posibilidades de diferimiento fiscal vía fondos de inversión a más de un año para la optimización en IRPF y en Patrimonio si eliminan bonificación. Además, habrá que vigilar la pérdida de coeficientes de abatimiento entre los inmuebles que estén en venta, entre otras cosas.

Eva Alonso, socia y Directora de Planificación Patrimonial de Value Tree