Tras unos inicios dubitativos, los mercados han empezado a subir de manera significativa después de una mejora de la inflación en Francia y Alemania y un dato de empleo en Estados Unidos que denota cierto enfriamiento económico.
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La bolsa parece estar más pendiente de la invasión de Ucrania, de las barbaridades que pueda hacer Putin y, sobre todo, de la posibilidad de un acuerdo paz y del apoyo que puedan prestar los bancos centrales que de otras cuestiones importantes, como puede ser la elevada inflación, que en marzo vuelve a batir récords de décadas y la evolución del precio de los bonos, que puede avisar de una recesión. Por eso, no es de extrañar que marzo no haya sido un mal mes bursátil.
Junio mantuvo la tendencia alcista bursátil, si bien hubo bastantes divergencias. El aumento de la inflación, sobre todo en Estados Unidos, y los mensajes desde la FED y en menor medida desde el BCE en donde habla de un adelanto del “tapering”, no consiguieron poner nerviosas a las bolsas, que únicamente se vieron resentidas en momentos en los que la evolución de la variante Delta del Covid 19 alertó de la posibilidad de la vuelta de mayores restricciones en bastantes países. Sin embargo, las subidas no fueron homogéneas, con sectores como el financiero dejándose bastante terreno y con índices en negativo.